En la sesión de hoy se ha utilizado como hilo conductor la exposición del centro donde ha estado realizando Joana un voluntariado, exactamente en Medellín. En dicha presentación se nos ha descrito el centro como una organización, la cual se dedica a la educación de niños de la calle; es decir, niños en una situación de gran vulnerabilidad: problemas de drogadicción, violencia, pobreza, familias desestructuradas, etc...
Dicho centro se estructuraba de tal forma que el niño iba ascendiendo por una especie de "escalera" educativa; en primer lugar el niño pasaba de la calle al Patio del Gamín, lugar en el que se realizaba gran parte de la convivencia y entorno al que giraba gran parte de la vida del centro como pudiesen ser clases, piscinas, aulas, etc., una vez pasado un tiempo de seis meses (teoricamente), se accedía al hogar de transición, que como su nombre indica era un lugar en el que los niños pasaban a vivir de forma íntegra dentro del centro, no solo comían allí, sino que también dormían; es decir, el centro pasaba a convertirse en su residencia. Por último, si los pasos anteriores se había realizado con éxito se proporcionaba al educando una educación de tipo primaría o secundaría, dependiendo la edad.
Esto sería una breve introducción del lugar, lo realmente importante fue el caso práctico que se nos presentó en clase, pues los métodos educativos que utilizaban dicho centro eran bastante cuestionables, puesto que la intervención que se realizaba era simplemente castigar a la persona que había incumplido ciertas normas.
El caso que se trató fue el de un niño que había incumplido las normas y que como castigo se había decido expulsarle del centro (si mal no recuerdo con su consentimiento). El problema surgió a los pocos días cuando dicho niño quiso regresar al centro, para lo que acudió a dicho lugar para solicitar el acceso, este no se le fue dado pero tampoco se le denegó; me explico, se le dijo que se le daría una respuesta en unas horas, cosa que no sucedió hasta pasado unos días, en los que el sujeto paso esperando a la entrada del centro durante día y noche, hasta que al final fue admitido.
El conflicto surge en que los coordinadores del centro le habían dicho a los profesionales y educadores que no podían darle comida ni ningún tipo de ayuda, nos enfrentamos a los siguientes dilemas: ¿Es ético negarle la comida?, ¿Debemos guiarnos por las emociones?, ¿Está capacitado para buscarse el sustento en las calles?, etc.
Desde mi punto de vista, pienso que hay que tener las necesidades fisiológicas cubiertas, pues sin esto presente, no será posible una educación, no obstante una cosa es cubrir su necesidad y otra muy distinta darle comida sin ningún fin pues de esta manera, se corre el riesgo de que el educando no encuentre ninguna motivación por nada y simplemente se limite a esperar la ración diaria. Por lo tanto abogo a que si se le prometió una respuesta en unas horas se le debiese de haber dado, puesto que durante todo este tiempo lo único que se logro fue fomentar un sentimiento de incertidumbre e inseguridad, lo que no es nada beneficioso ni correctivo, pues considero que el permanecer a esperas durante días difícilmente puede reportar algún beneficio.
Por último respecto a la presentación sobre el movimiento Gestlat, creo que no es necesario realizar una descripción, pues considero suficiente la de clase. Pero si que me gustaría expresar una reflexión que se realizo en el aula: "Muchos de los fracasos que sentimos desde el punto de vista educativo, es que la persona decide otra cosa"; es decir, que nosotros seamos educadores no significa que sepamos con absoluto conocimiento que es lo que necesita esa persona y el que no se cumplan nuestros objetivos marcados para dicho sujeto tal vez no tiene que considerarse un fracaso, pues la toma de un camino diferente no significa retroceder ni borrar nada, simplemente es otra opción.
Hola Marcos,
ResponderEliminarFue una buena exposición, tanto en su descripción, como en el caso presentado. Este caso ha servido para darnos cuentas de la necesaria distancia emocional que debemos entrenar cuando estemos trabajando con grupos. Hay un riesgo de caer en la dependencia y el trabajo debe ir encaminado a la recuperación de la autonomía responsable.
Y,a pesar de ello, como dices, la persona siempre decidirá qué hacer y siempre, si no trabajamos nuestras emociones,podemos sentir un regusto de fracaso al no ver cumplidas las expectativas.
Estas siempre serán nuestras expectativas, no de las personas.
Saludos
Iñaki