Hoy martes se ha expuesto la visita que había realizado un grupo a un albergue de transeúntes de estancia corta/medio plazo. En la exposición se han ido relatando diferentes experiencias que los educadores de dicho centro han ido viviendo y marcando unas pautas específicas.
-La observación. Este punto es de gran valor, puesto que antes de intervenir debemos dedicar una gran parte de nuestro tiempo a observar la temática o caso sobre el que decidamos incidir; es decir no podemos entrar a una persona directamente y queriendo que nos de su confianza desde el primer momento, ya que seguramente fracasemos.
-Tener en cuenta las emociones. Debemos ser conscientes de que tratamos con personas y que por lo tanto responden de diferentes maneras a las situaciones; por ejemplo, un sujeto no le puede causar ningún trauma ir a un comedor social, mientras que para otro ir a este tipo de establecimiento implica renunciar al concepto que tiene de dignidad.
-El saber aceptar tanto éxitos como fracasos. Nuestra tarea como educadores es aprender a no frustrarnos, puesto que el no conseguir los logros propuestos con una persona no implica ser mejor o peor educador. Debemos tener siempre en cuenta que en ningún momento somos los salvadores de nadie, simplemente nos limitamos a realizar nuestro trabajo.
-Saber controlar nuestras emociones. A consecuencia de nuestra naturaleza somos seres sensibles y debido a esto mucho de los casos de los que podamos tratar nos pueden afectar emocionalmente, no obstante nuestra labor es saber controlar nuestra emocionalidad, con la finalidad de que no interfiera en nuestro trabajo.
El viernes no estuvo el profesor en clase así que se realizo un debate sobre un caso el que se relataba la situación de un barrio en el que querían poner un albergue para transeúntes pero el recelo de los vecinos hacía un tanto difícil el desarrollo de dicho plan. Se barajaron diferentes opciones como la posibilidad de dar subvenciones a los vecinos, fomentar la concienciación de los vecinos frente a este colectivo, etc…
Desde mi punto de vista, opino que el tener un albergue debajo de tu casa te de ningún derecho a subvención, puesto que es un servicio público; a día de hoy no conozco ningún caso de subvenciones por vivir al lado de un hospital, colegio público o comisaría.
Lógicamente la gran diferencia es que se puede “argumentar” que el colectivo que demanda dicho servicio es un tanto problemático y puede ocasionar dificultades o quebraderos de cabeza a los residentes de dicho barrio. No obstante pienso que esto es fruto del desconocimiento, puesto que siempre que existe algo nuevo y desconocido crea recelos; un ejemplo puede ser la apertura de mezquitas (como ocurre en Baracaldo) donde la ignorancia de la mayor parte del vecindario les hace creer que la gran mayoría de musulmanes son terrorista y fanáticos.
Por lo tanto mi conclusión es que mientras el local o edificio donde se quiera establecer dicho servicio público pertenezca al estado, los habitantes “afectados” tendrán que aceptarlos quieran o no, aunque es importante matizar que no hay que acotar la ubicación de estos establecimientos por el nivel económico de donde se deba establecer dicho servicio, puesto que nuestro deber como ciudadanos no es mirar por la comodidad de la gente más pudiente sino de la comunidad.
Hola Marcos,
ResponderEliminarCreo que aciertas cuando hablas del desconocimiento de la población a la hora de aceptar un equipamiento "delicado" cerca de sus domicilios.
En todo caso, habría que pensar que a quien beneficia que la gente se encuentre en esta situación y cuál sería "nuestro granito de arena" que podríamos aportar como educadores/as.
Saludos
Iñaki